Vértigo

¿Qué es el vértigo?
Otros síntomas
Vértigo Posicional Paroxístico(VPPB)
Neuritis Vestibular
Enfermedad de Méniére
Migraña Vestibular
Presbivértigo
Insuficiencia Vértebro-Basilar
Vestibulopatía Bilateral
Otras causas

El oído es un órgano complejo que no sólo sirve para oír, también se encarga de enviar información al cerebro cada vez que nos movemos (tiene receptores que son sensibles a la aceleración angular, lineal y fuerza de la gravedad) para que mediante unos reflejos, nuestros ojos sean capaces de compensar los movimientos de la cabeza y podamos ver nítidamente cualquier objeto a nuestro alrededor aunque nos estemos moviendo.

El reflejo que hace posible que nuestros ojos cambien de posición (los dos a la vez) en la órbita cada vez que movemos la cabeza (con el objetivo de mantener nítida la imagen del entorno en la retina) se llama”reflejo vestíbulo-oculomotor” (RVO) y las vías nerviosas que lo mantienen intacto parten del oído interno. Cuando nuestro oído interno falla, el reflejo vestíbulo-oculomotor es incapaz de funcionar correctamente provocando una alteración en el movimiento de los ojos (nistagmo) que nos impide fijar la mirada en un punto concreto, es más, los ojos se mueven de forma descontrolada provocándonos una sensación de movimiento ilusorio de nuestro entorno que denominamos vértigo.

El oído no es el único órgano encargado en mantener el equilibrio. El cerebro necesita tener más información sobre lo que está pasando en nuestro entorno y de nuestra posición en el espacio aparte de conocer la aceleración cefálica (información que le llega a través del oído), siendo también importante la información visual y la propioceptiva (sensibilidad del contacto con la superficie donde caminamos). Así pues, el cerebro analiza la información que le llega a través del oído interno, vista y médula espinal (propioceptiva), integra toda esa información, el cerebelo hace los ajustes necesarios y se llevan a cabo los reflejos (vestíbulo-oculomotor y vestíbulo-espinal) para que mantengamos el equilibrio en cualquier situación espacial y …¡no nos caigamos al suelo!

Los problemas de vértigo en muchos casos se deben a alteraciones del oído interno, pero en ocasiones son las vías nerviosas cerebrales que están alteradas, de ahí la importancia de hacer un diagnóstico precoz y preciso mediante una completa exploración otoneurológica y pruebas instrumentales que nos ayuden a confirmar o descartar nuestras sospechas diagnósticas.
No todo es vértigo…

Decíamos anteriormente que el vértigo es una “sensación ilusoria de movimiento”. En efecto, el paciente aquejado de vértigo es testigo de una experiencia muy desagradable que le provoca mucho temor, ansiedad e invalidez. Sin embrago, los trastornos del equilibrio no siempre se manifiestan con vértigo. En ocasiones el paciente refiere inestabilidad (incapacidad de mantener una marcha adecuada, con tendencia a la inclinación o caída), mareo (sensación de tener “la cabeza llena, abombada” independientemente de la postura adoptada), cinetosis (mareo al viajar en vehículos) o caídas espontáneas al suelo.

En muchos casos el vértigo no es el único síntoma. Algunas enfermedades del oído interno que cursan con vértigo también se acompañan de hipoacusia (pérdida de audición), acúfenos (ruidos en el oído), sensación deplenitud ótica (taponamiento), cefalea o migraña, alteraciones en la vista o pérdida de conciencia. Es muy habitual que una crisis de vértigo se acompañe de náuseas y/o vómitos.

Los síntomas neurológicos como pérdida de fuerza en los brazos o piernas, sensación de acorchamiento en la cara o alguna extremidad, cefalea intensa o pérdida de conciencia, nos puede orientar hacia un vértigo de origen central (vías nerviosas del equilibrio).

La duración de la crisis de vértigo, el número de crisis padecida por el paciente y las circunstancias que desencadenan dichas crisis (cambios de posición, escuchar ruidos fuertes, hacer esfuerzos, otitis previa, etc…) son de vital importancia para orientar el diagnóstico. La entrevista entre el médico y el paciente, es con diferencia la parte más importante en el proceso diagnóstico del vértigo.

Es con diferencia la causa más frecuente de vértigo. Su origen se desconoce, aunque aumenta su frecuencia en personas que han estado mucho tiempo encamadas o han padecido algún traumatismo en la cabeza.

Es un vértigo que aparece de forma súbita (paroxístico), de segundos o minutos de duración (aunque a veces deja cierta inestabilidad que puede durar días o semanas) y siempre desencadenado por cambios de posición. Es muy frecuente que aparezca al darse la vuelta en la cama o al girar rápido la cabeza.

Se debe a que el desprendimiento de unos cristales de carbonato cálcico (otoconias) que se encuentran en una zona del oído (mácula) hace que se acumulen en un canal semicircular (generalmente el posterior), haciendo que el líquido del canal (endolínfa) se vuelva muy denso y por tanto muy sensible a los cambios de posición en el plano del canal semicircular afectado. En definitiva, el oído interno de vuelve “demasiado sensible a los movimientos”, el cerebro cree que nos estamos moviendo muy rápido (cuando en realidad sólo estamos girando la cabeza en la almohada) y se produce un reflejo exagerado que hace que los ojos se muevan rápidamente en sentido contrario para compensar el movimiento de la cabeza. La sensación que experimenta el paciente es de un vérigo muy intenso, que suele acompañarse de náuseas y vómitos, obligándole a permanecer en la cama.

El diagnóstico del VPPB se realiza mediante unas maniobras: Dix-Hallpike (en el caso del vértigo posiconal de los canales semicirculares posteriores y superiores) o McClure (cuando se afectan los canales semicirculares horizontales).

Maniobra de Dix-Hallpike

Una vez realizado el diagnóstico mediante las maniobras de provocación, realizando una “contramaniobra” tipo Epley, Rahto o Lampert, somos capaces de curar el vértigo en más del 80% de los casos. El VPPB no se trata con fármacos.

Maniobra de Epley.

 

Es la segunda causa más frecuente de vértigo. Se manifiesta por una crisis única de vértigo (no suele repetir) sin un desencadenate posicional pero en ocasiones se relaciona con un proceso vírico (catarro, gripe) previo.

El paciente nota un cuadro abrupto de vértigo que suele durar entre 5 y 10 días, con un gran componente vegetativo (nauseas y vómitos) que le obliga a permanecer prácticamente en la cama. Tras el episodio de vértigo siempre queda una inestabilidad residual que se agrava con los movimientos rápidos de la cabeza. Es muy importante realizar rehabilitación (ejercicios vestibulares, en Rincón del Paciente) de forma precoz, además de tomar la medicación adecuada para favorecer la compensación de la lesión y que en pocas semanas el paciente pueda hacer vida normal. No se suele acompañar del pérdida de audición o de síntomas neurológicos.

Es un vértigo de carácter crónico (se repite), que suele durar más de 20 minutos (hasta horas) y aunque en sus estadios iniciales puede presentar una sintomatología muy variable e incompleta, suele evolucionar hacia una triada sintomática típica: vértigo + pérdida de audición + acúfenos (también suele haber plenitud o taponamiento ótico durante las crisis).

La audición suele fluctuar, aunque lo normal es que cada crisis de vértigo deje como secuela un mayor grado de sordera, sobre todo en las frecuencias graves.

La enfermedad de Méniére puede evolucionar de forma muy variable, es importante realizar un diagnóstico exhaustivo en una Unidad de Vértigo especializada, aplicar un tratamiento para aliviar cada crisis y planificar un tratamiento de mantenimiento que nos permita espaciar las crisis en el tiempo y evitar el deterioro auditivo.

Actualmente contamos con los siguientes tratamientos en nuestra Unidad de Vértigo:

  1. crisis agudas: sedantes vestibulares y antiheméticos.
  2. mantenimiento, tratamiento profiláctico: betahistaina, diuréticos, corticoides orales
  3. tratamientos intratimpánicos: dexametasona intratimpánica y gentamicina intratimpánica
El tratamiento con inyecciones intratimpánicas de dexametasona logra un control de la enfermedad en un 80-90% de los casos.

La migraña y el vértigo son dos síntomas que están muy relacionados. A veces migraña y vértigo coexisten a la vez o se suceden con pocas horas o días de diferencia pero en la mayoría de los casos los pacientes que padecen vértigo cuentan en su historial con antecedentes de haber padecido migrañas o cefaleas con frecuencia (en ocasiones hace muchos años). También es frecuente que los pacientes aquejados de ésta variante de vértigo relaten antecedentes de mareos desencadenados por movimientos con cambios constantes de aceleración como al viajar en coche, durante la infancia o en la actualidad (cinetosis).

No existe ninguna prueba diagnóstica que nos confirme la Migraña Vestibular, llegamos al diagnóstico después de haber excluido otras causas de vértigo y basándonos en criterios diagnósticos.

Con la edad, el reflejo vestíbulo-oculomotor (rvo) puede sufrir “desajustes”, al igual que se deteriora la agudeza visual y las articulaciones o ligamentos de los miembros inferiores pierden elasticidad y sensibilidad; todo ello hace que el imput sensorial que llega al cerebro a través de las principales vías nerviosas del equilibrio (laberínto, vista y médula espinal), unido a una progresiva atrofia cerebelosa, provoque una mayor incidencia de alteraciones del equilibrio tales como inestabilidad o vértigo en personas mayores. Por otro lado, muchas personas mayores de 70 años están polimedicadas, en ocasiones con fármacos que como efecto indeseable provocan vértigo o inestabilidad (benzodiacepinas, ansiolíticos, antidepresivos, antiarrítmicos, antihipertensivos, tratamientos del tiroides, antidiabéticos, etc…). Todo ello hace que con la edad aumente la incidencia de las alteraciones del equilibrio. En éstos casos es importante realizar una exploración otoneurológica detallada, evaluar todos los órganos y sistemas implicados en el equilibrio e indagar en la medicación que está tomando el paciente.

La herramienta más útil para tratar el presibivértigo es la Rehabilitación vestibular con nuestro personal especializado. ¡Está demostrado que la práctica de Tai-Chi mejora de forma notable las alteraciones del equilibrio, especialmente el presbivértigo ! (puede preguntar a nuestras fisioterapeutas de FISAM sobre sesiones con monitor de Tai-Chi).

Al contrario de lo muy extendido que está entre la opinión popular, en muy raras ocasiones las alteraciones de la columna cervical están directamente relacionadas con problemas de equilibrio y mucho menos vértigo. Una de las pocos casos en los que las cervicales son responsables del vértigo es la insuficiencia vértebro-basilar, que consiste en una lesión (por obstrucción) de alguna arteria de la región posterior de la nuca y región occipital: arteria subclavia, arteria vertebral, arteria basilar o arteria cerebelosas posterior. Generalmente sucede en personas con algún factor de riesgo vascular, los síntomas se pueden desencadenar con movimientos cervicales concretos (no siempre) y en prácticamente todos los casos suele haber síntomas neurológicos añadidos al vértigo.

La prueba más sensible para diagnosticar una insuficiencia vértebro-basilar es la angioresonancia magnética nuclear (angio-RMN).

Es una situación dramática en la cual los dos oídos (laberintos) dejan de funcionar, provocando una ausencia de reflejo vestíbulo-oculomotor que se traduce en una gran oscilopsia (movimiento del entorno) al caminar o hacer cualquier movimiento cotidiano. Esta situación crea una gran inestabilidad, discapacitando a quien lo padece limitándole en sus movimientos cotidianos. Es una enfermedad fácilmente diagnosticada en una consulta especializada en vértigo. La causa más frecuente es la toma de medicamentos que lesionan al oído interno (ototóxicos) debido a alguna infección sufrida incluso hace años, aunque en un 50% de los casos no hay una causa conocida (idiopática). Los pacientes con vestibulopatía bilateral dependen íntegramente de su visión para mantener el equilibrio, de ahí que empeoren mucho en ambientes con poca luz (mayor inestabilidad por la noche).

El tratamiento farmacológico es controvertido, siendo de vital importancia realizar un programa de Rehabilitación Vestibular como el que llevamos a cabo en nuestra Unidad.

Como hemos comentado en otro apartado, el vértigo no es una enfermedad, es un “síntoma”. Puede deberse a un problema banal o puede ser el debut de una enfermedad grave. Ante un episodio de vértigo es muy importante realizar un diagnóstico exhaustivo con la mayor celeridad, no sólo para mejorar la desagradable sensación que relatan los pacientes que lo padecen, sino para descartar algunas enfermedades importantes: tumores cerebrales, tumores de cerebelo o ángulo pontocerebeloso, esclerosis múltiple y accidente cerebrovascular entre otras.

En nuestra Unidad de Diagnóstico, Tratamiento y Rehabilitación del Vértigo y Alteraciones del Equilibrio, contamos con la formación, experiencia y medios técnicos necesarios para hacer una evaluación integral y orientar hacia el mejor tratamiento de su problema de vértigo.

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